Cada mañana

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, el sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero “Hotel de Belgique” .

(Julio Cortázar, “Manual de Instrucciones” en Historias de cronopios y de famas)

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