El desnivel

Un clásico en Buenos Aires. Es un local de dos plantas, con la parrilla en la entrada a la vista de todos y manteles de plástico. Creo que con el tiempo se ha convertido en un lugar turístico de los que recomiendan muchas guías, pero entre sus clientes aún se encuentran porteños que vienen a disfrutar de su comida y su servicio. Se come bien y barato en relación a lo que se acostumbra a pagar en España por cualquier cosa. Su servicio es rápido y agradable. Una parilla de bife de chorizo, jugosa, acompañada de provolone con un toque de orégano puede ser un buen comienzo. La carne puede tomarse con cualquiera de los Malbec que ofrecen. De postre un flan casero con dulce de leche y crema. Una auténtica bomba por la que pagaría hasta el más pacifista.

El desnivel, Defensa 855, San Telmo

Ateneo Grand Splendid

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Uno de los sitios más fascinantes de la ciudad. Según el diario británico The Guardian, se trata de la segunda librería más importante del mundo. El edificio se inauguró en 1919 y funcionó como un teatro y cine hasta el año 2000, cuando se convirtió en librería. Hoy alberga alrededor de medio millón de ejemplares, según me comenta uno de los vendedores. No he podido confirmar la cifra, pero no parece necesario. Tres plantas acogen miles y miles de libros, discos y películas. Las plateas son ahora estanterías, se mantienen los balcones y la cúpula corona el edificio con su fresco original.  Los antiguos palcos hacen de sala de lectura. Al fondo, sobre el escenario, una cafetería y la sala de lectura donde puede escucharse jazz en directo. Las perchas de luces cruzan el techo del escenario junto a unas escaleras laterales escondidas. Las cortinas de terciopelo que abrían y cerraban las funciones son hoy el marco perfecto del Ateneo.

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Cada mañana

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, el sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero “Hotel de Belgique” .

(Julio Cortázar, “Manual de Instrucciones” en Historias de cronopios y de famas)

Herr: cronista del infierno

Despachos de guerra - Michael HerrDesde que Clausewitz escribiera su clásico De la guerra las cosas han cambiado mucho. Vietnam simbolizó ese cambio por muchas razones. Tras la fachada del patriotismo y los grandes ejércitos se escondía la Nada. Vietnam fue la primera guerra televisada y probablemente el conflicto que más cobertura periodística recibió hasta la guerra del Golfo. No es casual, pues, que Despachos de guerra fuera escrita por un periodista.

Michael Herr (Syracuse, Nueva York, 1940) fue corresponsal de la revista Esquire durante el conflicto que supuso el primer gran fracaso bélico de Estados Unidos. Existe una ingente bibliografía sobre aquel fracaso, pero ningún libro supo contarlo como éste. Galardonado con el Premio Internacional de la Prensa en 1978, Despachos de guerra combina el diario personal, la crónica periodística y el reportaje. No es el Nuevo Periodismo lo que recorre estas páginas, sino el hedor que emana de toda guerra relatado de forma magistral. Porque la fuente de la que bebe Herr tiene el sabor de los calmantes, el color de las noches de insomnio, las palabras desquiciadas de soldados lunáticos, el olor nauseabundo de los cadáveres flotando en fango. Como escribiera The New York Times a propósito del libro, sus materiales son el miedo, la muerte, la alucinación y las almas ardiendo.

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Welcome, Buenos Aires

Llegada a Ezeiza tras 12 horas de avión y tengo los tobillos como patatas. No son los de Maradona (min. 1:21), pero llevan 23.357 kilómetros de avión en los últimos 20 días y creo que están pidiendo un respiro.

Buenos Aires, por fin. El sol lo ilumina todo, a pesar del invierno. Atrás queda el frío de julio que mereció algún breve en los telediarios de España. La entrada por carretera a Buenos Aires me indica que mi percepción del espacio tiene que cambiar. La edificación atolondrada y amorfa de los inmensos barrios de la periferia y las decenas de carriles que conectan la urbe con el resto de la provincia y el país son sólo un indicio de que aquí las distancias son un mundo distinto. La prueba definitiva llega cuando hojeo las 192 páginas de la guía de colectivos de la provincia.

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