También en San Telmo. Es un sitio perfecto para pasar la tarde con alguna de las cervezas artesanales que elaboran o una copa de vino. Con las horas y la conversación uno querrá cenar. Tiene una de las cartas más completas que puedan encontrarse en el barrio a un precio asequible. Las entradas para compartir (carne de ciervo, queso de campo, jamón curado con tomates cherry) sirven para abrir el apetito. Luego hay una variedad de ensaladas (la de albahaca, tomates secos, pollo y parmesano es una buena elección). Carnes, pescados, tortillas, parrilla, además de alguna especialidad del local completan los platos principales. Vale la pena probar alguno de los postres, aunque haya que pagar algo más para disfrutarlos. Lo mismo sucede con los vinos.
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El desnivel
Un clásico en Buenos Aires. Es un local de dos plantas, con la parrilla en la entrada a la vista de todos y manteles de plástico. Creo que con el tiempo se ha convertido en un lugar turístico de los que recomiendan muchas guías, pero entre sus clientes aún se encuentran porteños que vienen a disfrutar de su comida y su servicio. Se come bien y barato en relación a lo que se acostumbra a pagar en España por cualquier cosa. Su servicio es rápido y agradable. Una parilla de bife de chorizo, jugosa, acompañada de provolone con un toque de orégano puede ser un buen comienzo. La carne puede tomarse con cualquiera de los Malbec que ofrecen. De postre un flan casero con dulce de leche y crema. Una auténtica bomba por la que pagaría hasta el más pacifista.
El desnivel, Defensa 855, San Telmo
Ateneo Grand Splendid
Cada mañana
La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, el sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero “Hotel de Belgique” .
(Julio Cortázar, “Manual de Instrucciones” en Historias de cronopios y de famas)
Welcome, Buenos Aires
Llegada a Ezeiza tras 12 horas de avión y tengo los tobillos como patatas. No son los de Maradona (min. 1:21), pero llevan 23.357 kilómetros de avión en los últimos 20 días y creo que están pidiendo un respiro.
Buenos Aires, por fin. El sol lo ilumina todo, a pesar del invierno. Atrás queda el frío de julio que mereció algún breve en los telediarios de España. La entrada por carretera a Buenos Aires me indica que mi percepción del espacio tiene que cambiar. La edificación atolondrada y amorfa de los inmensos barrios de la periferia y las decenas de carriles que conectan la urbe con el resto de la provincia y el país son sólo un indicio de que aquí las distancias son un mundo distinto. La prueba definitiva llega cuando hojeo las 192 páginas de la guía de colectivos de la provincia.