Los sindicatos han amenazado con ir a la huelga por la crisis de MUFACE, la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado. Es difícil calificar el nivel de hipocresía, pero creo que con brutal bastaría. Hasta ahora un millón y medio de funcionarios y sus familias han sido atendidos por aseguradoras privadas pagadas por el Estado para recibir una cobertura exclusiva fuera del sistema público.
No se trata de un complemento salarial ni de una mejora laboral costeada por quienes la disfrutan. Estamos hablando de dinero público destinado a que un colectivo concreto pueda elegir una red sanitaria distinta de la que utiliza el resto de los ciudadanos. Es decir, el Estado financia con impuestos de todos un sistema paralelo reservado para algunos.
El problema no es que MUFACE exista. El problema es que defiendan el sistema las mismas personas y organizaciones que luego salen a la calle a protestar por la privatización de la sanidad o la escuela pública. Cuando la gestión privada afecta a todos, la llaman privatización. Cuando garantiza su propio régimen especial, la llaman derecho. La diferencia no es ideológica. La diferencia es que esta vez el privilegio es suyo.
¿Cómo se come eso? Pues para ti la pública y para mí MUFACE. Por la cara.