La poesía

También en San Telmo. Es un sitio perfecto para pasar la tarde con alguna de las cervezas artesanales que elaboran o una copa de vino. Con las horas y la conversación uno querrá cenar. Tiene una de las cartas más completas que puedan encontrarse en el barrio a un precio asequible. Las entradas para compartir (carne de ciervo, queso de campo, jamón curado con tomates cherry) sirven para abrir el apetito. Luego hay una variedad de ensaladas (la de albahaca, tomates secos, pollo y parmesano es una buena elección). Carnes, pescados, tortillas, parrilla, además de alguna especialidad del local completan los platos principales. Vale la pena probar alguno de los postres, aunque haya que pagar algo más para disfrutarlos. Lo mismo sucede con los vinos.

El desnivel

Un clásico en Buenos Aires. Es un local de dos plantas, con la parrilla en la entrada a la vista de todos y manteles de plástico. Creo que con el tiempo se ha convertido en un lugar turístico de los que recomiendan muchas guías, pero entre sus clientes aún se encuentran porteños que vienen a disfrutar de su comida y su servicio. Se come bien y barato en relación a lo que se acostumbra a pagar en España por cualquier cosa. Su servicio es rápido y agradable. Una parilla de bife de chorizo, jugosa, acompañada de provolone con un toque de orégano puede ser un buen comienzo. La carne puede tomarse con cualquiera de los Malbec que ofrecen. De postre un flan casero con dulce de leche y crema. Una auténtica bomba por la que pagaría hasta el más pacifista.

El desnivel, Defensa 855, San Telmo

Ateneo Grand Splendid

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Uno de los sitios más fascinantes de la ciudad. Según el diario británico The Guardian, se trata de la segunda librería más importante del mundo. El edificio se inauguró en 1919 y funcionó como un teatro y cine hasta el año 2000, cuando se convirtió en librería. Hoy alberga alrededor de medio millón de ejemplares, según me comenta uno de los vendedores. No he podido confirmar la cifra, pero no parece necesario. Tres plantas acogen miles y miles de libros, discos y películas. Las plateas son ahora estanterías, se mantienen los balcones y la cúpula corona el edificio con su fresco original.  Los antiguos palcos hacen de sala de lectura. Al fondo, sobre el escenario, una cafetería y la sala de lectura donde puede escucharse jazz en directo. Las perchas de luces cruzan el techo del escenario junto a unas escaleras laterales escondidas. Las cortinas de terciopelo que abrían y cerraban las funciones son hoy el marco perfecto del Ateneo.

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Welcome, Buenos Aires

Llegada a Ezeiza tras 12 horas de avión y tengo los tobillos como patatas. No son los de Maradona (min. 1:21), pero llevan 23.357 kilómetros de avión en los últimos 20 días y creo que están pidiendo un respiro.

Buenos Aires, por fin. El sol lo ilumina todo, a pesar del invierno. Atrás queda el frío de julio que mereció algún breve en los telediarios de España. La entrada por carretera a Buenos Aires me indica que mi percepción del espacio tiene que cambiar. La edificación atolondrada y amorfa de los inmensos barrios de la periferia y las decenas de carriles que conectan la urbe con el resto de la provincia y el país son sólo un indicio de que aquí las distancias son un mundo distinto. La prueba definitiva llega cuando hojeo las 192 páginas de la guía de colectivos de la provincia.

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